
Uno de los pocos que me precisa el pensamiento aquí en Sídney, en medio de una de nuestras conversas cotidianas me exhortó a que ubicase el sustento de lo que yo alegaba. Lo mejor fue que no tardé más de una semana. Es el tomo 44 de la colección de la Fundación para Cultura Urbana, que me donara Arraíz Lucca la última vez que estuve por Caracas. El texto es del historiador Guillermo Morón.
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