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miércoles, 22 de octubre de 2014

Sobre la enseñanza o aprender a enseñar aprendiendo

Se aprende a besar, besando. ¿La enseñanza de lengua no ha fracasado? Quien se ponga a revisar un poco sobre cuestiones filológicas y lingüísticas y también sobre antropología y asuntos sociales, políticos, culturales, humanos, si cuenta con un nivel de conocimiento de su lengua relativamente bueno, se dará cuenta que su lengua escrita es una cosa y lo que habla la gente es otra. Esa minoría que cuenta con un nivel de conocimiento de su lengua relativamente bueno por lo general está consciente de que su nivel de conocimiento de su lengua es relativamente bueno porque, a diferencia de quien se supone que no lo tiene, conoce y se acoge a la norma. Suele cuestionar y rechazar aquel uso, sobre todo el de la lengua escrita, que no cumple los estándares normativos, se sorprend ante expresiones malsonantes, pero más aun ante horrores ortográficos y las demostraciones de ignorancia de las reglas. Pero, jamás se ve, ni se oye, ni se lee sobre el compartir la responsabilidad. Lo que importa es que quienes no cumplen se metan por el aro. La norma legitima y es ley; ergo quien no la cumpla al paredón. Aunque extremo, los suspensos, los raspados, los aplasados no son más que prueba de ello. La enseñanza implica métodos, el aprendizaje técnica. La práctica eleva la capacidad pero la reflexión es rebeldía... "Del dicho al hecho hay mucho trecho". La experiencia de quien enseña tiende a consolidar. Pocas veces hay empeño por seguir expuesto (voluntariamente o porque no hay más remedio) a un aula, no de pie, sino sentado, aprendiendo, redoctrinando, practicando, dando besos, para mejorar.

Quien critica sin acción hace, por lo general, menos. Si se rechaza, no hay remedios.

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