Esta lengua que está siendo utilizada para expresar estas ideas no es una lengua en sí, sino muchas variedades que han venido evolucionando individualmente, pero que, sobre todo en este registro escrito, ha logrado consensuar un código suficientemente inteligible que ha sido capaz de instalarse en el tuétano de todas esas variedades, principalmente en los sociolectos modelos, y hace que sea posible la comunicación y comprensión de nuestras ideas...
Eso es harto conocido. La razón de esta realidad es
histórica y una primera etapa muy importante es el período que va desde el 12 de
octubre de 1492, con la llegada de Colón a América, hasta el 10 de diciembre de
1898 con los Acuerdos de París que ponen fin a la guerra hispano-estadounidense
(de Cuba). Al respecto hay mucho que pudiese decirse, suman más de cuatrocientos años; no obstante más que enfatizar lo sucedido vale resaltar que eso que pudiera llamarse el romanticismo del XIX hispanoamericano con sus ideologías y accionares
modularon de manera diferente aquella sociedad calcada de la Madre Patria. Eso también se sabe, pero el fundamento de la diversidad desde entonces tomó un camino distinto que subraya una ruptura que, en el caso americano,
requirió de introspecciones étnicas, culturales, históricas y, en esencia, reconoce
ingredientes ajenos adaptados a cada realidad regional en una especie de archipiélago cultural extendido de Tijuana a la Patagonia.
La evolución es absolutamente
distinta en un lado y otro del océano, pero incluso abismalmente contrastante entre una zona y otra de un mismo país. Aunque todavía puede ser tomado como un
cliché, resulta vital asumir una actitud de defensa activa, no tanto en favor de ese ideal modelo impulsado por las normas académicas (que no solo deben seguirse para ampliar el foro), sino
para asumir con realidad e incidir en el discurso oficial o los discursos oficiales de las instituciones que fomentan nuestra lengua y sus culturas que se muestran abiertas hacia las variedades, al panhispanismo, a lo hispanoamericano, con mensajes de
consenso, de inclusión y reconocimiento de esas formas que aun y cuando eventualmente se
consideran fenómenos, casos y no características propias de la lengua, contribuyen a crear una encrucijada en el espacio/tiempo que se erige como el momento ideal para gestar, modular e incidir.
Toda acción de control es compleja. La noción de Antonio Gramcsi, “hegemonía”
podría definir la acción de las instituciones y autoridades de la lengua mediante sus normas centro-peninsulares y fomento netamente con "Marca España", que terminan robusteciendo el prestigio de una variedad frente a las otras y dan forma a la gramática, la ortografía y el diccionario de esta lengua teóricamente panhispánica. Desde mediados del siglo XX se ideó una Asociación que al congregar a las
sucursales de la autoridad de la lengua en un gremio teóricamente igualitario
empezó a realizar esfuerzos para unificar un estándar hoy en día consensuado. Así se logra mantener la calidad de consejeros en unos y de aconsejados en otros. Ergo, el menester de buscar nichos de acción para aportar relecturas, ya que la lectura
que deberíamos dar a estos hechos descritos debería alejarse de los complejos enraizados en las
antiguas colonias y su crítica hacia la autoridad imponedora, y asumir con temple y pulso su rol para apuntar hacia la crítica
(por utilizar el mismo término) pero con la mira hacia las autoridades de cada una de esas
sucursales, de los gobiernos locales y los Estados e instituciones supraregionales para dar más eficiencia y mejor representación
de las realidades expresivas de esta lengua en los respectivos países. Impulsar la formación. Estudiar e investigar críticamente.
Se identifica que las
autoridades reales, las tradicionales, divulgan un discurso de apertura. La acción
hispanoamericanista debería apuntar hacia la conquista de los nichos de acción
que modula ese discurso y aportar el carácter de su zona. El conocimiento y la visión crítica de
la comprensión de una acción u otra progresivamente modula las formas, las maneras de diseñar y el contenido de los
exámenes, los modos de enseñar, los procedimiento de inclusión de nuevos
términos y las políticas de neologismos, los fenómenos de gramaticalización y
lexicalización, la morfosintaxis, etc. Tras indagar y preguntar se sabe entonces que tal discurso es definitivamente oficial y estatal, del reino, por lo que asumir el activismo en pro del panhispanismo anunciado aportará. poco a poco, "en progreso", esos cambios, nuevas concepciones y evoluciones que podrían darse en favor de una verdadera "democratización" de la autoridad sobre la lengua.
En términos prácticos el activismo de la lengua puede
ser una acción multifocal. Quien lo ejerce parece cumplir con un patrón estándar a todas las variedades. Su acción fomenta su propia variedad y la ostenta como
ejemplo partiendo del principio de que su opción no es la de prestigio, la
dominante, la hegemónica y por ello le es vital exaltarla, contrastarla con la norma, comparar con las otras. Esa acción implica
una actitud individual del hablante que también se observa, quizás con mayor frecuencia -sobre
todo en los registros cultos-, que hay una tendencia a auto neutralizarse, censurando el
colorido particular y contribuyendo en su manejo léxico para facilitar la
intercomunicación. En efecto esa estrategia, es más evidente en el registro hablado de la lengua, aquel cuya diversidad es inmensamente mayor a este registro escrito y no en pocas ocasiones ocasiona demora en el entendimiento cuando no absoluta NiPutaIdea de lo que se dice. En ese campo cotidiano, de acción, suceden y se labran muchas cosas. Principalmente si
se actúa desde una posición de prominencia, representante, esos registros (al contrario de lo que sucede todavía) deben mantenerse lo
menos neutralizados posible, siempre que las posibilidades de comprensión y
la audiencia lo permitan. Así, la manera de presentar su variedad como modelo más
que mala, sería buena, auténtica, natural. En los tiempos que corren una condición sine qua non es aportar, por ello se plantea una mirada que se siente tras la acción, con carácter enjuiciadora, pero crítica para impulsar varias maneras idóneas para bregar espacios reivindicadores, que facilen y aflojen las llaves que retienen las aguas empapando antes con conocimiento, reinterpretación y respeto. Por otro lado, el activismo
de la lengua demanda también y de manera esencial la participación de los pueblos
hispanoparlantes. Pero dirigidos y apoyados por ellos mismos apuntados hacia el estudio y la enseñanza de
esta lengua y de la gestación de una política pública del Estado o incluso Regional, que haga posible el diálogo, la participación y la solución de conflictos entre países vecinos al hacer uso de esta lengua. El activismo de la lengua debe, tiene y es multifocal.
Si bien es cierto que la variante
de prestigio es la centro-peninsular, también es una realidad que la razón de
esa situación es netamente histórica. El reino de España es quien ha impulsado el fomento
de su lengua como una manera legítimamente viable de promocionarse a sí mismo (o a sí misma).
También es cierto que principalmente México hoy en día ostenta la
representación de esa idea mal gestada del “español de América”, que no es,
cómo decíamos al comienzo, uno solo, sino muchos “españoles” en América. Cada país tiene su propio esfuerzo (aunque a veces sea nulo) y experiencia. Esos son lo que deberían alinearse y actuar de manera referencial haciendo gala de un consenso, de un acuerdo, de unos intereses comunes. Sabemos que es complicado, pero no por ello debe accionarse sin actuar.
Al tocar estos temas hay mucho
que puede ser dicho. Un texto como este no es más que las ideas que vienen pujando para encontrar un espacio.
Volviendo al activismo de la lengua, también podría apuntar al fomento de una institución panhispanoamérica, similar a la española, que cuenta con un sistema de monitoreo del uso
de la lengua en los medios y en la sociedad que permita decidir si una palabra
o expresión cala o es pasajera y a partir del dictamen de los doctos, aconsejar
su inclusión o no en la norma. El caso del uso normativo de la preposición
“por” en la perífrasis < ir + a > pese a ser un fenómeno absolutamente
limitado a la península y para nada americano, sustenta lo que se ha venido manteniendo en cuando al carácter centro peninsular de las normas. Se auna lo que decía
García Márquez en su célebre discurso en Zacatecas sobre aquella palabra “condoliente” no incluída en el DRAE
pese a explicarse por sí misma, como evidencia que esa realidad y el discurso emitido crea un nicho para la acción en pro de la
nuestra lengua y de los nuevos lemas que mueven una unión en la diversidad. Otro ejemplo de desigualdad pudiera encontrarse en el calificativo del “vos”. La norma no lo considera un pronombre personal sino un fenómeno de la lengua y lo clasifica como "voseo". Ni la declinación rioplatense, ni la que se
usa en El Caribe, ni la simple sustitución del “tú” se contrastan y como al final todo es hegemónico, se consolida una especie de estereotipo formado de generalizaciones que asocian ese fenómeno llamado "voseo" con el cono sur y no tanto a Centroamérica y Los Andes. No obstante, la norma si mantiene como norma el pronombre personal de segunda persona del plural, aunque sea usado
únicamente en la mayor (pero no toda) parte de España y si tuviera que enseñarse a un entusiasta de nuestra lengua extranjero habría que enseñarle tal excepción como un estándar a los aprendientes de E/LE
(español como lengua extranjera). Ojo, no es lo mismo hablar la variante de prestigio y comentar sobre las variaciones de la lengua en otros lugares allende los mares que enseñar lengua en un país hispanoamericano y enfrentarse al bombardeo informativo que presenta a una lengua común, pero con léxico regional y generalizaciones sobre ideas/conceptos de cuestiones que solo son llamadas de esa forma en un lugar. Ejemplo: llamar piso a un apartamento. ¿Cuántos profesores hispanoamericanos tienen que aclarar que el suelo es el piso, pero que el piso es el apartamento y que por lo general quedan el piso 2 o 3 o en la planta, que no es suelo? Los libros todavia no llaman carros a coches, ni extraen el "enhorabuena", o el "estupendo" para dar paso a "cheverísimo" o cualquier otra expresión auténtica y regional.
Son muchas las cosas que se
mezclan al tratar estos temas, muchas las que deben ser redichas y aún más las que deben replantearse. La
resistencia es clave. Al tratarse de un manejo de discursos y una batalla de
ideas no queda más que alinearse en una partida amplia, no exclusiva, que
supere el aporte de sus venas abiertas por América Latina sin necesidad de caer
en la actitud del perfecto idiota latinoamericano. Sortear, volver a tratar. El tiempo actual permite esa
acción. España es, quizás, desde dónde debe coordinarse mucho; no solo por contar
con el aparataje y los recursos tanto humanos como tradicionalmente económicos,
sino porque es donde mayor sensibilidad y resistencia hay a una visión reivindicadora de su
lengua dominante.
Para seguir divulgando ejemplos, encontrar trabajo en España para
enseñar a estudiantes internacionales es todavía una labor preferiblemente
facilitada por españoles. Hay algunos casos es cierto, pero son excepciones. ¿Es
posible sostener que en los institutos donde se enseña en España hay cierta
preferencia por contratar a profesores de España pero digamos de Castilla, de León, de Aragón que los
de Andalucía, Galicia, Canarias? ¿Existen institutos que enseñen variedades rioplatenses,
caribeñas, andinas; no digamos mexicanas, colombianas, argentinas? ¿No es verdad que hay un prestigio entre los usuarios de nuestra lengua? ¿No existe un estereotipo sobre los "sudacas" y los "gallegos"? El punto es que no se enfrentan esas situaciones. La manera de dejar a un lado las cosas sin tocarlas ni molestar ya no cala en estos tiempos. Tampoco debe ser considerado como que es algo que ha pasado mucho y con lo que yo no tengo nada que ver. Las sociedades hispanoamericanas se caracterizan y ese es un razgo muy del siglo veinte, por ser beligerantes, activas, cunas de repúblicas corruptas (estructuras propias y débiles) pero antimonarquías (de estructuras intocables)
(...)
Estas reflexiones siguen en proceso, extenderse
en este espacio es contraproducente. Por ahora conviene adentrarse en lo
relativo a los acuerdos de cooperación internacional vinculados al estatus de
nuestra lengua, su enseñanza como lengua extranjera y lo que vienen masajeando
y que podrían expresarse como panhispanismo del siglo XXI. “Unidad en la
diversidad”, como dice el lema de la RAE. Esa es la razón por la que hay que incidir.