El texto que vas a leer a continuación es un curioso e interesante diálogo entre Sócrates y unos soldados. Léelo no sólo como anécdota sino con «ojos pragmáticos».
«Sócrates paseaba por un bosque ateniense cuando a su lado, pasó veloz un hombre perseguido por otros hombres que le gritaron: ¡Detenedlo! Sócrates ni se inmutó y cuando los perseguidores le increparon por su impasibilidad, les dijo:
- ¿Por qué habría de detenerlo?
* ¡Es un asesino!, respondieron a coro los otros.
- ¿Un asesino? ¿Qué es un asesino?
* Un hombre que mata.
- ¡Ah, un matarife! ¿Acaso no es ésa una profesión muy respetable?
* No, un asesino es un hombre que mata hombres.
- ¡Ah! Haberlo dicho antes: un soldado.
* No. ¡Un hombre que mata hombres en su propia casa, a sangre fría!
- Por fin, te entiendo: ¡quieres decir que era un médico!»
CERDÀ MASSÓ (1975) Lingüística hoy. Barcelona: Teide (p. 116).
¿En dónde radica su curiosidad? ¿Respeta Sócrates el principio de cooperación? Toma notas sobre lo que crees que significa cooperar en un intercambio y sobre cómo se usan las posibilidades de significado de las palabras dentro y fuera de un contexto comunicativo.
2 comentarios:
Mi respuesta:
Sócrates no respeta el principio de relevancia. Cuando no coopera con la situación y no hace caso a la gravedad planteada ante la inminente presencia de un asesino, entra en discusión sobre la acepción de qué significa asesino y aporta información, que aunque cierta, no es relevante para la circunstancia. Sócrate no coopera.
Posible respuesta (suministrada por el sistema de autocorrección online):
Cooperar significa descodificar el contenido ilocutivo del mensaje, el significado intencional. Sócrates se queda en lo proposicional, es decir, en lo puramente informativo. El simulacro de interacción del diálogo es posible porque comparten los significados convencionales de las palabras que usan, pero cada uno de ellos reacciona «interesadamente», seleccionando rasgos semánticos distintos de los esperados por el interlocutor. Por esa razón tenemos la sensación de que, en el fondo, la comunicación no avanza realmente y, por eso, interpretamos (‘implicatura conversacional’) que Sócrates no quiere cooperar. Dicho de otro modo, se resiste a aceptar el juicio inicial emitido por el interlocutor y el acto perlocutivo que implica: la petición de ayuda (¡Deténgalo porque es un asesino!).
Creo que ahí voy...
Estimado Jesús, que interesante planteamiento haces, con todos esos recovecos o giros que pueden tomarse alrededor de los perseguidores y el perseguido, el “principio de cooperación” que, ya que principio, algo debe “principiar”, a lo cual habría que preguntar que “sigue” a este principio o que “guía” o a quien? O como Príncipe, que ‘principado’ tiene? A quien gobierna? Cual es su comarca, su aldea...?
Otra inquietud sería la transformación de los ‘principios’, por ejemplo: las ‘transmutación’ del principio de cooperación en principio de relevancia…; pero imagino que ni esta ni las anteriores son o constituyen la ‘intención’ principal de este escrito y me temo que preferirás hablar sobre otra cosa, asumiré que es sobre la: “co-operación”
Imagino que si alguien coopera deberá integrarse a un grupo y encaminarse a alguna acción, será eso cierto?
Si esto es así, seria lícito para Sócrates preguntarse (él mismo) si ha de seguir a los muchos (los soldados) o a los pocos (el asesino como primera respuesta y ‘él mismo’ como segunda opción)?
Decidiendo seguir a los muchos (los soldados: imagináoslos armados, tal ves en uniformes, protegidos, con escudos, espadas y otras cosas), podría él pensar que esos muchos y armados no pueden ellos solos atrapar al asesino que iría de verdad solo y desarmado? (ya que no hay indicación alguna en el texto de que suceda de otra manera)...entonces, deberá él seguir a los muchos o a los pocos? Deberá Sócrates unirse a los perseguidores o al perseguido? Deberá “co-operar” con los que ‘acusan’ o con el ‘acusado’?
De ‘co-operar’ con lo muchos, no podría pensar que él como solo, pudiera, él mismo, ser victima de persecución en otro momento?
Si los muchos y armados se detienen a ‘dialogar’ con Sócrates mientras persiguen al asesino, estarán apurados en capturarlo o no? Querrán, tal ves, capturar al propio Sócrates?
Será el acusado, de verdad un asesino? Porque esta es otra pregunta que deberíamos hacernos a este respecto, no crees tú?
Si esta ultima duda, surgida de lo anteriormente dicho y propiciada por este interesantísimo dilema que has planteado, pudiera a su vez arrojar luces sobre nuestros atribulados pensamientos acerca de la criminalidad del asesino?... Será que, al tratar Sócrates de resolver esta incógnita solo con ‘información’, según tú mencionas, pudiera ayudar a los ‘realmente’ ‘muchos’ como serían: los soldados, el asesino y a él mismo?
Si es esta última interpretación correcta: será útil que los soldados supieran realmente que es matar y no matar?; se habrían dilatado en diálogos con Sócrates? Optimizarían mas el tiempo de su persecución, si acaso lo supieran ‘sabido bien’? como ha de corresponder a alguien que tiene como oficio una labor que pudiera implicar la eliminación de otro ser humano?
Son ellos, soldados? o es eso mentira?...
Si al que llaman asesino ‘realmente’ hubiese cometido un crimen, sabría él la distinción entre las diversas maneras de culminar con la vida de otra persona? …Si lo hubiese sabido antes, de haberlo sabido, hubiese cambiado su ‘acciones’ o el lugar donde cometerlas? Habiendo esto determinado otro oficio al cual dedicarse? Pudiendo ser entonces: soldado, médico, filósofo o alguna otra cosa? …
Tal vez así, y si todos supieran lo que hay que hacer y a que cosa dedicarse, a Sócrates no le quedarían muchas preguntas por hacer y tendría que: o bien retirarse al exilio o bien acabar con su propia vida, con lo cual dejaría la pregunta abierta para siempre: cicuta o no cicuta?
O es que acaso los soldados querían atrapar a Sócrates?
Porque… acaso: era él ‘el asesino’?
Bien Jesús, como ves, no puedo resolver los problemas por ti planteados. Son muchos y de diversa índole. Así que, no me queda otra acción que la de despedirme por esta vez y desearte el mejor de los éxitos en ésta:
tu búsqueda,
en la que
ahora, te encuentras.
Tu amigo, E.
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