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miércoles, 23 de julio de 2014

Sin ayuda no queda

Como estos días se habla de literatura y se refugia, subrepticia, la verdad entre una ficción real maravillosa, a continuacion otra historia (¿o la eterna historia?).

Hasta hoy aguantó. Anoche el colmo de la injusticia le arrastró fuera de la habitación. Tres semanas después de haber estado en Bulgaria, tratando de aclarar lo que desde el 17 de enero se ha mantenido oculto y forzado a una lógica absurda a partir de la poca información desplegada... Se pretende ocultar el sol con un dedo, mostrar que no se ha hecho nada y que por el contrario, la responsabilidad es de quien ha sido burlado y no de quien se burló. El proyecto de casa fue arrebatado, no se reconoce que precisamente existe porque hubo un aporte inmesurable. Socialmente se sigue promoviendo el aislamiento y la falta de razón y mientras tanto, la excasez de estabilidad laboral y dinero mella cualquier posibilidad. Su capacidad le falla... 

sábado, 19 de julio de 2014

Tras seis meses de "literatura"

Hay cosas que es mejor no explicar. El título es bastante elocuente. Mejor leer... se trata de un texto de una autora inconforme.

El diagnóstico

Para N., que es agua, como viento y fuego,
con el deseo de que también encuentre
su rincón de tierra, en la tierra.

“Me gustó mucho. Pero al final, ¿qué importancia tiene todo esto?”

En mi papel de autor debo aclarar que estas frases encomilladas reproducen los pensamientos de la protagonista de mi cuento. Se llama Nora, tiene 35 años y siente que ya es muy, pero muy vieja. Siente eso porque le falta la fuerza de la r. Sus padres pensaban ponerle otro nombre diferente, pero cedieron ante las insistencias de la abuela materna. De este modo, y por no salir del corazón, el nombre de Nora no le pudo aportar a su dueña la fuerza y el optimismo que le daría una r verdadera y con amor. Me refiero a nombres como Eric, Francisco, Alfredo, Rosa, María, Laura, en fin, nombres con R de verdad. No sé si me entienden muy bien, pero igual. Sigo.

La primavera invernal es algo muy sabroso. En pleno enero, en un país frío, con este sol primaveral es difícil perder la esperanza.

“¡Qué bonito! Le voy a escribir. Le diré que me ha hecho llorar y reír a la vez. ¡Qué bonito! Además, la versión en youtube es perfecta porque cambia la canción y el disco se repite una y otra vez. Para yo llorar y reír sin tener que preocuparme por darle al botón”.

Entenderán fácilmente que Nora estaba perdida en sus propias emociones. Acababa de recibir una de estas muestras de cariño que la hacían tan feliz. Una canción, una sonrisa, una charla y una caricia… qué más podría desear. Bueno, nada más. Solo esto, pero… Ella, por tener un nombre que no le pegaba muy bien, era una persona un poco contradictoria. Aparentaba para estar a la altura de la r de su nombre. Y lo hacía bien. Al mismo tiempo tenía algo delicado y casi imperceptible, una suavidad de color verde claro invisible que se apagaba cuando estaba triste. Cuando se sentía insegura perdía este encanto y se quedaba atrapada en el abismo de su propia debilidad. Como ahora.

“La vida es el presente. Es un presente. Tú sabes qué significa presente, ¿verdad?”

Entonces no lo sabía, pero justamente el que le negaba este presente tuvo la delicadeza de explicárselo. Ya que Nora estaba muy perdida en esa época, no captó el mensaje. Yo sí se los voy a explicar. Lo que quería decir el sujeto en cuestión era, más o menos: Conmigo o sin mí, la vida es un don y tú debes seguir adelante. Y hazte a la idea de que será sin mí.

“Y no debes darle tantas vueltas al coco”. Así mismo le dijo. Y ella recuerda esto perfectamente. Y lo entendió sin problemas. Así que se rindió. Sin éxito. La primera y única vez que tuvo la fuerza de decidir irse de una vez por todas.

“Si no pude hacerlo, por algo será. Estoy feliz, he ido aprendiendo mucho. Soy una persona rica. De emociones. Soy una persona de felicidad muy fácil. Acabo de darme cuenta. Solo necesito una caricia, una sonrisa, una canción, una amistad para abrirme y querer. Lo malo es que… lo necesito sin cesar. Por eso me encantó el diagnóstico. ¡Qué bien dicho! Y al mismo tiempo suena desesperanzador. ¿Tan fácil se me nota que soy una cabeza perdida?”

No sabré decirles si mi protagonista era o no una cabeza perdida, ya que la tenía bien puesta en su lugar, con una mente que no dejaba nada que desear y una inteligencia lúcida. Lo que preocupaba era el corazón. El corazón le latía tan rápidamente que no le permitía posarse en la tierra. Estaba volando. De una emoción y otra, entre un lugar y otro, entre un nombre y otro, así era ella. A lo mejor algún día da con su nombre, lo reconoce y se reencuentra. Pero hablábamos del diagnóstico.

“¿Y eso está mal? -No sé si está mal. Unas personas son altas, ¿es malo? No, simplemente lo son y ya.” Lo importante era reconocerlo, aceptarlo y rodearse de gente que la quisiera tal y como era: enamorada del amor. “Y de alguna manera lo persigues”.

“¡Qué bonito! ¡Gracias! Mil gracias una y otra vez. Aunque seas tan solo un instante, aunque tú vivas en esta tierra y yo en un incierto lugar soñado, gracias por existir y haberme devuelto una vez más la sonrisa. Aunque sea tan solo por esta noche.”

Como ven, queridos lectores, me veo obligado a abandonar a mi protagonista. No hay fuerza que la devuelva a habitar entre la gente de esta tierra y por tanto, darme a mi material para yo poder contar sus vivencias entre sus semejantes. Y si se reconocen en alguna de estas líneas, ya saben: unos lo son y otros no. Malo no es, de todas formas. Se lo ha dicho un hombre muy especial que tiene en su nombre una R verdadera.

(FIN)

Las justificaciones son maniqueas, líquidas, adaptables; y tal complicidad inaceptable nul ozen ozen pet devet chetiri ches dve ches chetiri... Esa es la magia de la literatura: polisemia; cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

miércoles, 16 de julio de 2014

¿Academia Mexicana buscará independizarse de la RAE?

Hay veces en que es mejor no generar contenido, sino que conviene presentarlo tal cual. Sin embargo conviene resaltar el título, solo para la reflexión: ¿independizarse? Lo otro sería lo que se viene estudiando: el rol de la ASALE (precisa y originariamente "mexicana").

Como se cree que es mejor presentar la información, tal cual, ese es el caso de este "post" en "El Castellano, la página del idioma español"; un excelente espacio online, por cierto.

Por considerar que el diccionario de la Real Academia Española es inequitativo con las expresiones que se utilizan fuera de la Península Ibérica, es que la Academia Mexicana de la Lengua (AML) buscará independizarse. El reto es por lo tanto generar un diccionario tan amplio, y mejor, que el diccionario de la institución europea (DRAE), pues son necesarios recursos verdaderamente equitativos y que reconozcan las hablas locales, comentó el director adjunto de la AML, Felipe Garrido, al término del sexto congreso regional celebrado en la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA). En compañía de la jefa de gabinete de la Comisión de Enlace de la AML, y el académico correspondiente para Aguascalientes, Felipe San José González Garrido, recordó que en 2010 se publicó la primera edición de un diccionario de mexicanismos a cargo de la AML, con el que se busca arraigar la idea de que los modismos regionales (formas particulares del español) son totalmente legítimos, por lo que se prepara una segunda edición que hasta el momento ha duplicado el tamaño de su antecesor. Al respecto, expresó que esta acción plantea las bases para un gran diccionario que registre la gran diversidad lingüística del país, y se avanza hacia la independencia de academias de lengua española, pues consideró que el DRAE sigue siendo el diccionario central para los hablantes del español, a pesar de que no es equitativo. Sobre el tema, manifestó que los diccionarios son obras de orientación que no deben tomarse con histeria, pues aunque no existan algunas palabras en él, si se usan, deben respetarse. Esto lo ejemplificó con vocabularios derivados de lenguas extranjeras como el inglés o el francés, que en España son reapropiados, como güisqui o jersey, mientras que en México siguen conservando varios de sus elementos, como sandwich o futbol, a diferencia del sándwich o fútbol para la comunidad española. De esta forma indicó que no se pueden evitar los debates porque el DRAE está hecho allá, por lo que debe generarse un diccionario de tal magnitud por cada academia, pues aunque existe el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPN) que describe cómo se dice en distintos países una cosa, este documento se puede considerar como un intento por imponer a todos los pueblos de habla española los usos de España, más que defender las diferencias. Simplemente, dijo, en el DRAE se indican argentinismos, mexicanismos o colombianismos, pero no españolismos, por lo que no es un mamotreto equitativo. Por otra parte, Felipe Garrido mencionó que de acuerdo a especialistas en todo el mundo, desaparecerán al menos la mitad de las 3 mil lenguas que actualmente se conservan, debido a la falta de uso y la globalización; pero el español seguirá en expansión por ser utilizado por cerca de 400 millones de personas en el mundo y la segunda lengua más estudiada; sin embargo, existen lenguas que podrían extinguirse, como el kiliwa que sólo es empleado por nueve personas en Baja California, y otro sólo es conocido por un matrimonio de más de 80 años de edad. 

El link donde está la información es del mes de mayo: http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2014/mayo/aml.html 

domingo, 13 de julio de 2014

"La Batalla del Idioma" (más sobre trasfondo e intríngulis de política lingüística panhispánica)

Una de las cosas que resaltan de este libro -para quienes lo descubrimos hace no más de dos años-, cuyos editores son José del Valle y Luis Gabriel-Stheeman, es que fue publicado en español hace ya una década. The battle over Spanish between 1800 and 2000: language ideologies and hispanic intellectuals, había sido publicado por Routledge en 2002, pero dos años más tarde es que aparece La batalla del idioma. La intelectualidad hispánica ante la lengua en la editorial Vervueishrt/Iberoamericana.

Resalta por la profundidad de los argumentos de los diez trabajos que componen el texto. No dudo de su impacto.

A continuación, se comparten algunas citas a modo de literature review de los capítulos 2 y 4; muy adecuados para los interesados en los intríngulis de eso que llaman política lingüística panhispánica. 

LIBRO:

DEL VALLE, José & Luis GABRIEL-STHEEMAN (Eds.) (2004): La batalla del idioma. La intelectualidad hispánica ante la lengua. Madrid: Iberoamericana/Vervuert.

CAPÍTULO:

2. Antiacademismo lingüístico y comunidad hispánica: Sarmiento y Unamuno, por Barry Velleman (p.35-65)

COMPENDIO DE CITAS:

“La llamada Generación argentina de 1837 ha sido considerada como “probablemente el grupo de intelectuales latinoamericanos más elocuente y consciente de sí mismo” de su siglo (Katra 1996:7). Juan Bautista Alberti, Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez, y Domingo F. Sarmiento -todos ellos nacidos entre 1805 y 1811- fueron vástagos de la independencia argentina de España (1810-6), así como testigos de los graves conflictos ocurridos durante la agitada era postcolonial de su país” (p35).

“Defensores de los valores tradicionales hispánicos se oponían a aquellos que aspiraban a imponer los ideales liberales europeos, y en especial los franceses. Para Sarmiento, además, la revolución había servido para provocar otra confrontación, en este caso entre dos elementos opuestos que ya estaban presentes en la sociedad argentina de la preindependencia: barbarie y civilización”. (p36).

“La independencia política había de llevar a una análoga liberación de la inteligencia y, de hecho, de cualquier manifestación cultural. Esto significaba, por supuesto, romper con la tradición intelectual española, a la que todos consideraban anquilosada (Katra 1996:88)” (p37).

“Estos escritores consideraban que la autonomía literaria y lingüística de España debía ser una consecuencia natural de la independencia política. Como escribió Echeverría: Nos parece absurdo ser español en literatura y americano en política…la lengua argentina no es la lengua española (cit. en Rosenblat 1960:558)” (p37).

“Rosenblat ofrece la siguiente síntesis de las ideas lingüísticas de este grupo de intelectuales: Todos ellos coinciden en un antiespañolismo cultural y lingüístico, que a veces llega a la hispanofobia; en n entusiasmo ferviente y neófito por la literatura y el pensamiento francés; en a devoción por  pueblo y la tierra; en la afirmación de la inspiración americana…; en la exaltación de las ideas y el menosprecio de las palabras; en el rechazo de toda tutela académica o academicista; en la afirmación de la libertad de la lengua, para que pueda progresar con las ideas nuevas. Sarmiento, Alberdi y Juan María Gutiérrez llegaban a proclamar la soberanía popular en materia del lenguaje (1960:557)” (p37).

“En opinión de Sarmiento, a través de los errores de sus déspotas -y especialmente de la Inquisición- España había producido una civilización inerte que, por supuesto, Latinoamérica había heredado…Mediados los años cuarenta, Sarmiento aún veía la influencia española en oposición diametral a las necesidades de los estados independientes latinoamericanos…el español, como lengua de una cultura inerte, era necesariamente una lengua muerta, incapaz de expresar ideas modernas. En 1843 escribió: La España no posee un solo escritor que pueda educarnos, ni tiene libros que nos sean útiles (Sarmiento 1843c:38). En 1867, Sarmiento le escribió lo siguiente al presidente Mitre de Argentina: ¡Estamos hablando un idioma muerto! Las colonias no se emanciparán, sino abandonándolo, o traduciendo entero otro. Esto último será obra de varón. Lo otro sucederá por la lenta acción de otras razas, que poblarán nuestro suelo, sirviendo nosotros de abono a la tierra (1911:30)” (p38).

“En sus escritos de 1843, Sarmiento enfatiza lo que percibe como falta de legitimidad de la RAE, aun en el contexto de España. Sus miembros, opina, son pensadores poco originales: “[…] son, no obstante ser los más notables de España, escritores subalternos, pensadores comunes que importan ideas de las naciones vecinas a su país, o como Hermosilla y otros pobres diablos, se aferran en sostener lo pasado con dientes y uñas” (1843c:6). Esa falta de legitimidad y por ende de autoridad justifica, en opinión de Sarmiento, el separatismo cultural respecto a España que radica en el mismísimo corazón de la nacionalidad americana: [E]l estarnos esperando que una academia impotente, sin autoridad en España mismo, sin prestigio y aletargada por la conciencia de su propia nulidad, nos de reglas, que no nos vendrán bien después de todo, es abyección indigna de naciones que han asumido el rango de tales (1843c:29)” (p43).

“Es ridículo estar usando la ortografía de una nación que pronuncia las palabras de distinto modo que nosotros” (1843c:3) (p44).

“El 19 de noviembre de 1842 se aprobó el plan de fundación de la Universidad de Chile, con Andrés Bello como rector y Sarmiento como miembro fundador. Una de las tareas de la nueva universidad fue la supervisión de la educación elemental. Bello, quien había escrito algunos artículos en torno a la reforma ortográfica, animó a Sarmiento a investigar más a fondo la cuestión. El 17 de octubre de 1843, exactamente un mes después de la inauguración de la universidad, Sarmiento presentó su “Memoria sobre ortografía americana” (1843c). Las reformas ortográficas propuestas en ella se basaban principalmente en otras anteriores a García del Río y Bello (1823), pero Sarmiento dio un paso más al reclamar una ortografía estrictamente latinoamericana. Por otra parte, el texto de Sarmiento reflejaba una postura fuertemente antiespañola: eso es lo que diferencia fundamentalmente su sistema del de Bello, el cual veía con alarma todo signo de escisión lingüística, de fraccionamiento de la amplia comunidad hispánica. Sarmiento en cambio se dejaba llevar por el violento anti-españolismo que en las generaciones jóvenes había seguido a la guerra de la Independencia (Rosenblat 1981:cvii)”. (p45).

“Sarmiento rechazaba dos de los tres criterios ortográficos tradicionales. Por una parte, aseguraba que el uso constante apenas existía en las naciones hispanas, dada ausencia de autores eminentes que pudieran servir como modelos. Por otro lado, la etimología no se podía considerar una opción práctica, ya que iba más allá del entendimiento de la gente común. Por consecuencia, la pronunciación era el único criterio viable para la reforma ortográfica (Sarmiento 1843c:12-3)” (p46).

“Más de medio siglo después de las polémicas suscitadas por Sarmiento en Chile, Miguel de Unamuno volvería en España sobre muchas de las mismas cuestiones” (p51).

“Unamuno se consideraba un “devoto lector y… entusiasta panegirista” de Sarmiento e incluso, en un momento dado, pensó en escribir un libro sobre el argentino (Holguín 1964:155; Unamuno 1997:34), quien, no en balde, era su autor favorito del siglo XIX, un hombre “más español que ninguno de los españoles”, a pesar -o más precisamente, por- sus ataques a España (Unamuno 1905a:903)” (p51).

“Un examen de las visiones del lenguaje de Sarmiento y Unamuno revela que ninguno de los dos sentía gran interés por las investigaciones de la lingüística formal. Para nuestros autores, el saber sobre el lenguaje debe estar humanizado para tener valor. Unamuno escribió: en mí la filología no es nunca más que un pretexto, o mejor un trampolín. Ambos escritores establecían una conexión inmediata entre lengua y crítica social: la visión unamuniana de la lengua y su perplejidad acerca de los profundos conflictos de su sociedad proceden de las mismas circunstancias…Su visión de lengua y su percepción de las disfunciones de su sociedad son simultáneas (Lacy 1967:120, 101)” (p53).

“Sarmiento y Unamuno compartían un profundo escepticismo con respecto a la utilidad y legitimidad de la Real Academia Española: ambos se mostraban reacios a aceptar que “un cuerpo de sabios” pudiera desempeñar un papel positivo en la vida lingüística de una comunidad; veían en “la gente” al verdadero poseedor de la legitimidad lingüística e insistían en defender una visión necesariamente pragmática de la lengua” (p55).

“Para Sarmiento, la Academia era inútil en cuestiones prácticas: “no se ocupaba por entonces de escuelas primarias, ni del desenvolvimiento de la razón pública” (1843c:23). De manera similar, Unamuno escribió: “La tal Academia es una institución aristocrática que no trabaja para la cultura popular” (1907c:372). Por otra parte, en sus críticas a la Academia, ambos autores enfatizaban la imposibilidad de estabilizar una lengua viva. Unamuno afirmaba así la futilidad de tales esfuerzos: [D]ejemos a la Real Academia que fije la lengua castellana, haciéndole hipoteca inmueble, y, por nuestra parte, nosotros, los vivos heterodoxos, los que por favor de la naturaleza no somos instituciones ni tiramos a serlo, ya que tenemos que servirnos de esa lengua, procuremos, en la medida de nuestras fuerzas cada uno, movilizarla, aunque para conseguirlo tengamos que ensuciarla algo y quitarle algún esplendor (1903a:1072)” (p55).

“Sarmiento se había opuesto a la opinión de Bello de que, en la lengua, era necesario un cuerpo de sabios para “dictar las leyes convenientes” (Bello 1842a:252) y había definido como la función más apropiada de la Academia la de “recoger en un armario las palabras cuyo uso está autorizado unánimemente por el pueblo mismo y por los poetas” (Sarmiento 1842f:242)” (p55).

“La aceptación del uso popular como fuente principal de legitimidad lingüística era predominante entre las nociones románticas de la lengua. Alberti había escrito: “las lenguas no son obra de las Academias; nacen y se forman en la boca del pueblo” (cit. en Cambours Ocampo 1983:34). Unamuno, por su parte afirma que la “lengua la hace el pueblo, señor mío, y no los académicos” (1907c:369)” (p56).

“La Generación de 1837, influida por el nacionalismo lingüístico, por las ideas revolucionarias de Francia y los Estados Unidos, y por el pesimismo crítico de Larra en España, reaccionó contra aquellas opiniones. En la controversia sobre la posible fragmentación de la lengua española en América, la postura separatista de Sarmiento mantenía que el progreso inmediato de la sociedad era lo primordial, aun si la continuidad del español acababa siendo una víctima de este empeño. En contraste, otros escritores latinoamericanos, como Andrés Bello en su Gramática, expresaron una mayor preocupación por la unidad lingüística hispana y vieron un peligroso precedente en la fragmentación del latín vulgar en las diferentes lenguas románicas: juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres en su posible pureza, como un medio providencial de comunicación y un vínculo de fraternidad entre las varias naciones de origen español derramadas sobre los dos continentes… [L]a avenida de neologismos de construcción, que inunda y enturbia mucha parte de lo que se escribe en América, y alterando la estructura del idioma, tiende a convertirlo en una multitud de dialectos irregulares, licenciosos, bárbaros; embriones de idiomas futuros, que durante una larga elaboración reproducirían en América lo que fue la Europa en el tenebroso período de la corrupción del latín (Bello 1981:129-30)” (p60).

“A finales del siglo XIX y comienzos del XX se produjo una intensificación del debate respecto a la cuestión de la fragmentación. El escritor español Juan Valera y el filólogo colombiano Rufino J. Cuervo se habían enzarzado en una áspera polémica. Unamuno a su vez apoyó la postura de Valera, rechazando la idea de Cuervo de que el español se dividiría inevitablemente en muchas lenguas. Asimismo, le dedicó un buen número de páginas a la teoría fragmentacionista del escritor francés Luciano Abeille (1860-1949), cuyo libro Idioma nacional de los argentinos proponía la idea de que hablar español era para los argentinos “[contrario al] derecho inherente a un pueblo de hablar un idioma especial” (1900:5)” (p60).

“La lengua hispánica, hoy patrimonio de una veintena de naciones… es la lengua que compartirá un día con la inglesa el predominio mundial” (Unamuno 1911a:598-9)” (p61).

"Unamuno sostenía que la situación del latín durante y tras el Imperio Romano había sido muy diferente de la del español en América. Aparte de que éste poseía diferentes condiciones de sustrato y niveles de competencia cultural muchos más altos y amplios, la fragmentación lingüística en América se prevendría o retrasaría gracias al ascenso de la clase obrara (resultante del crecimiento del comercialismo postindustrial) y a innovaciones tecnológicas como la imprenta, que había perpetuado una norma escrita conservadora (ver Unamuno 1908b: 591-3)” (p61).

“Sarmiento creía que la falta de una literatura de valor haría imposible un modelo peninsular en Latinoamérica; la postura de Cuervo era similar en el hecho de que consideraba improbable que la comunidad intelectual hispana se pusiera de acuerdo en cuanto a una norma común. Por el contrario, Unamuno enfatizaba la centralidad de un lengua común como una tradición intrahistórica que creaba sociedad: sociedad no es más que lenguaje común” (1919:438) “Lo que hace la continuidad de un pueblo no es tanto la tradición histórica de una literatura cuanto la tradición intra-histórica de una lengua; aún rota aquélla, vuelve a renacer merced a ésta” (cit. en Betancur 1964:87)” (p62).

“Unamuno encuentra la fuente de la unidad hispánica en una lengua compartida que él denomina “sobrecastellano” o “hispanoamericano” (Unamuno 1911b:227-8). Unamuno identifica al “sobrecastellano” como el viejo romance castellano enriquecido por su contacto con nuevas ideas y nuevas culturas. “El futuro lenguaje hispánico no puede ni debe ser una mera expansión del castizo castellano, sino una integración de hablas diferenciadas sobre su base, respetando su índole, o sin respetarla, si hace al caso” (1903a:1065)” (p62).

“En los artículos escritos inmediatamente después de los cruciales sucesos de 1898, Unamuno valoró la literatura latinoamericana en contexto de recolonización, considerándola como un “proyecto de nostalgia imperial” (Fiddian 1999:119)” (p63).

“En 1908 le escribió a Menéndez Pidal: mi tribuna es La Nación de Buenos Aires, donde a mi modo españolizo, y sobre todo, procuro destruir ciertos aditamentos que allí iban anejos a lo español (cit. en Unamuno 1970:26)” (p63).

“La actitud de Unamuno hacia Latinoamérica cambió con el tiempo. Si en 1905 todavía estaba de acuerdo con el juicio enunciado por Sarmiento en sus Viajes (1846) -a propósito de la vacuidad de la cultura literaria y académica española (1999:207)- después de 1908, sin embargo, se advierte una actitud crecientemente negativa hacia Sarmiento. Para 1911, Unamuno ya percibía una falta de información en la conceptualización sarmentiana de la historia española: este escritor “tan profundamente español” era ahora para él una víctima del afrancesamiento”. (p64).

“El argentino consideraba impotente a la Real Academia Española para contribuir a la formación de una cultura latinoamericana en la que el proceso social pudiera tener lugar. La RAE era para Sarmiento un símbolo de los tiempos ya pasados de la “la colonia” de una cultura en decadencia. Además, en la Península no existían modelos literarios contemporáneos que fueran aceptables y la ortografía tradicional, anárquica y arcaica, representaba un obstáculo para una regeneración pedagógica fundamental en el progreso cultural de Latinoamérica. Por estas razones, las repúblicas independientes deberían volver la mirada a los modelos culturales de los “países cultos”. Los viajes de Sarmiento a Europa y los Estados Unidos (1846-8) fueron cruciales en su búsqueda de modelos culturales (es decir, educacionales). Cualquiera que fuera su fuente, las nuevas ideas inevitablemente provocarían cambios lingüísticos en Latinoamérica que los individuos y las Academias serían incapaces de impedir. La unidad de la lengua española podría perderse en este proceso, pero las “necesidades inmediatas” de América debían recibir prioridad” (p65).



Realizado por Jesús A. Meza M.
chumeza@hotmail.com
Sofía, 10 de julio de 2014.


CAPÍTULO:

4. Lingüística histórica e historia cultural: notas sobre la polémica entre Rufino José Cuervo y Juan Valera, por José del Valle  (p.93-107)

COMPENDIO DE CITAS:

“Esta conocida controversia coincidió con dos momentos cruciales en la historia política e intelectual de las naciones hispánicas: empezó en 1899, el año después de que España perdiera sus últimas colonias, y se terminó en 1903, el año antes de que Ramón Menéndez Pidal publicara su emblemático Manual de gramática histórica española. La refriega entre Cuervo y Valera subraya el valor que la lingüística adquiere como fuente de legitimidad en debates culturales y políticos, y en particular en el debate sobre la naturaleza de la identidad hispánica durante los primeros años del siglo XX” (p94).

“En 1899, veía la luz una narración en verso titulada Nastasio escrita por el poeta argentino Francisco Soto y Calvo. El poema…venía precedido de una carta-prólogo de Rufino José Cuervo, en la cual, tras resumir y elogiar el poema, don Rufino aludía al glosario de términos regionales que lo había de acompañar. Estos provincialismos y, en especial, su cada vez más frecuente aparición en la literatura eran, para Cuervo, germen de futuras lenguas independientes y amargo presagio de la inevitable fragmentación del español, que emularía así el triste destino del latín. Esta división de la lengua la atribuía Cuervo a tres factores: la natural diferenciación a que conducen los distintos climas, estilos de vida y razas, el colapso de España como centro unificador y fuente de inspiración intelectual, y la falta de contacto entre los países hispanoamericanos. Todo esto lo expresaba Cuervo con la mayor amargura e insistiendo en que estas épocas de división “en la vida de los pueblos pueden ser muy largas”” y en que “no hemos de olvidar que somos hermanos” (Cuervo 1899)” (p94).

“Por aquellos años, Juan Valera colaboraba asiduamente con La Nación de Buenos Aires, con cartas que solían girar en torno a temas culturales y literarios. Hacia agosto o septiembre de 1900 debió de recibir Valera una copia del Nastasio, y tanto lo contrariaron las palabras de Cuervo que sin demora escribió una respuesta (titulada “Sobre la duración del habla castellana” [Valera 1900] que habría de ser publicada el veinticuatro de septiembre en Los lunes de El Imparcial de Madrid (la reseña del Nastasio aparecería por fin en La Nación el dos de diciembre del mismo año). Esta nota de Valera, impregnada de sarcasmo valerino, rechazaba la posibilidad de diferenciación lingüística de los países hispánicos; los provincialismos, afirmaba, son comunes también en España y normales en la vida de toda lengua” (p95).

“La reacción de Cuervo no se hizo esperar (ver Guitarte 1981). En 1901, el volumen III del Bulletin Hispanique, incluía un artículo del colombiano titulado “El castellano de América”…En primer lugar, puso Cuervo a un lado la discusión sobre las fuentes culturales (ibéricas y no ibéricas) de las que bebe o ha de beber Hispanoamérica; y lo hizo con un comentario no carente de una cierta causticidad que nos recuerda al escepticismo con el que, como indica Velleman en el capítulo 2, Sarmiento y los miembro de su generación veían el estado de la vida intelectual española: yo lamento también, como el que más, y sin poderlo remediar, que si en América quiere uno estar al tanto del progreso científico y literario, desde la gramática hasta la medicina, la astronomía o la teología, no se le ocurra acudir a los libros españoles, y que si tienen los recursos necesarios para trasladarse a las universidades europeas, no escoja las de Madrid o Salamanca (Cuervo 1950:275)” (p96)

“A lo largo del cuerpo central del texto, Cuervo insiste en la validez de la comparación entre la fragmentación del latín y la futura del español. Para ello echa mano de abundante evidencia filológica que demuestra el lento pero natural e inevitable proceso de cambio lingüístico y aporta datos dialectológicos que prueban la presencia del germen de la disgregación. Concluye que, cuando la propia dinámica interna del organismo lingüístico se suman circunstancias geográficas e históricas que favorecen el relativo aislamiento de unas regiones de otras, es inevitable la divergencia: “es visto que todo conspira a descalabrar la unidad” (306)” (p96)

“En 1903, de nuevo en el Bulletin Hispanique, Cuervo, irritado por la incapacidad de Valera para discutir en términos lingüísticos y ofendido por la tergiversación que el español había hecho de sus palabras, pone fin a la polémica con palabras muy reveladoras del verdadero espíritu de la misma: [Valera] pretende que las naciones hispanoamericanas sean colonias literarias de España, aunque para abastecerlas sea menester tomar productos de países extranjeros, y, figurándose tener aún el imprescindible derecho a la represión violenta de las insurgentes, no puede sufrir que un americano ponga en duda el que las circunstancias actuales consientan tales ilusiones:: esto le hace perder los estribos y la serenidad clásica. Hasta aquí llega el fraternal afecto (Cuervo 1950:332)” (p98)

“Las ideas lingüísticas de Valera, así como la actitud hacia la ciencia del lenguaje que acabamos de describir, son complementarias de su visión de la realidad cultural y política de España y del mundo hispánico: sumándose a “aquella parte de España que no se resigna a la decadencia” (Tuñón de Lara 1980:97), propone que, frente al abatimiento y decaimiento económico y político en que se encontraba España, es responsabilidad de todo español afirmar la grandeza de la civilización española y defender la unidad de esta civilización” (p100)

“Valera fundió y confundió su defensa de la unidad del mundo hispánico con la defensa de la uniformidad lingüística y cultural (de nuevo en un gesto propio del movimiento hispanista que anticipaba la visión pidalina de la lengua española). En un sentido, su ideología era resultado de lo que Joan Ramón Resina ha llamado “una de las grandes equivocaciones de la historia de España: la superposición de la identidad castellana como identidad del estado español” (p100)

“Valera promovió la proyección transoceánica de la superordinación de la identidad castiza, y por eso concibió a Hispanoamérica como una simple prolongación de España. A lo largo de su obra ensayística, defendió y practicó con denuelo el fortalecimiento de vínculos y formas de comunicación entre ambos continentes: la unidad de civilización y de lengua, y en gran parte de raza también, persiste en España y en esas Repúblicas de América, a pesar de su emancipación e independencia de la metrópoli (Valera 1958:313)” (p100)

“Esta unidad y uniformidad entre “españoles de España” y “españoles de América” conllevaba una latente jerarquización, e implicaba necesariamente una condena de silencio, o mejor una negación, de lo indio y lo negro como elementos de la hispanidad: lo que sostengo es que ni el salvajismo de las tribus indígenas en general, ni la semicultura o semibarbarie que ahí llevamos y que ustedes mantienen y quizá mejoran y magnifican (Valera 1958 (1889): 365)” (p100)

“La lectura de la obra ensayística de Valera nos revela, en suma, a un hombre empeñado en una misión de matices casi  quijotescos: la de devolverle el orgullo a un pueblo atrasado económicamente, derrotado militarmente, convulsionado políticamente y abatido y decaído culturalmente” (p101)

“Como ha señalado Donald F. Fogelquist, “después de las guerras, todo tendía a la disgregación” (1968:11): las jóvenes naciones americanas buscaban inspiración en doctrinas filosóficas y modelos políticos europeos; y España, a su vez, se enfrentaba a los retos de su desarrollo como nación-Estado moderna en medio de una crisis económica y de conciencia. La interrupción del comercio espiritual y material entre la metrópoli y sus antiguas colonias acentuó la ignorancia y desinterés que en España había hacia lo americano: en la segunda mitad del siglo XIX lo que menos interesaba al español eran los países hispánicos de allende el mar. Los periódicos traían noticias de Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y otros países europeos, pero casi nada de América o sobre América (Fogelquist 1968:19)” (p105)

“Las polémicas de la lengua en la Hispanoamérica decimonónica (particularmente intensas en el Cono Sur) habían probablemente alimentado los recelos puristas de la intelectualidad española. Estas polémicas se desarrollaron en el seno del movimiento cultural de afirmación de lo americano y de proclamación de autonomía literaria (Caballero Wanguemert 1989:180). Pero en la propia América, y por debajo del espíritu americanista dominante, habían de surgir diferencias, y muy marcadas, al tratar el espinoso tema de la emancipación lingüística” (p106)

“En conclusión, la lectura aquí propuesta de la polémica entre Cuervo y Valera sugiere varias claves para la comprensión de las relaciones culturales entre España y Latinoamérica y para la contextualización de la historia reciente de la lingüística hispánica. Primero, muestra la profunda implicación de la ciencia del lenguaje en la elaboración de discursos culturales de abierta orientación política; segundo, ilustra cómo, a principios del siglo XX, la tradición filológica hispánica tenía que plantearse la conveniencia ideológica de reconciliar el estudio científico del lenguaje y la concepción  romántica del mismo que lo mantenía ligado a la voluntad humana…; y por último, la polémica ilustra la difícil relación entre la vieja metrópoli y sus antiguas colonias en el proceso de configuración de una identidad común ajustada a la nueva realidad postcolonial: Valera insistió en la supervivencia de un espíritu panhispánico asociado con las fuerzas de la civilización e hizo un llamamiento a españoles y americanos para defenderlo. Cuervo dejó ver su escepticismo ante el glorioso futuro de una comunidad hispánica unida y su decepción ante los intentos de la intelectualidad española de retener la posición hegemónica en el concierto de naciones hispánicas” (p107)



Realizado por Jesús A. Meza M.
chumeza@hotmail.com
Sofía, 13 de julio de 2014.

jueves, 10 de julio de 2014

La nacionalidad Iberoamericana y el futuro de la lengua

¿Siempre es válido lanzar ideas al aire?

Desde su salida de España y estancia en Bulgaria lo que menos ha tenido es tranquilidad. Ha conducido más de 2500 kilómetros, ha estado inmerso en un coctel aceptaciones y negaciones que para bien o para mal ocasionaron que hoy se sentase, en su mesa y frente a la plenitud de sus libros.

Madrugó y en las previas del desayuno hizo un corte para compartir esta reflexión.

Tras estar en Madrid, investigando, tiene muy claro que la Madre Patria sabe que el futuro de la existencia de la lengua española está inexorablemente vinculado a la lengua hispanoamericana. 

El estudio de las relaciones internacionales, historia, economía, política, sociología, antropología y lengua indica que el impulso que viene dándosele a la política lingüística panhispánica desde mediados del siglo XX apunta, hoy en día, hacia la creación de una comunidad de países (naciones) unidos por la lengua. 

Ese intento de Comunidad Iberoamericana congrega a aquellos países de habla hispana y lusa. Se erige como una organización internacional para la ciencia, la educación y la cultura y hace suya la idea que está justificada la unión a partir del pasado histórico y, por supuesto, la lengua  (¿Soft power de Nye?).

No obstante, la dinámica la imponen los negocios y el intercambio de mercancias. Así, sin entrar en los detalles lingüísticos entre Portugal y Brasil, absolutamente disímiles a la realidad panhispánica, el mercado que se genera para los países ibéricos es más que fundamental, mientras que del lado inverso, para los americanos no excede los 70 millones (población de España y Portugal). 

Sin embargo, ese constructo ideológico propone la creación de una nacionalidad iberoamericana, que como la europea, representaría un escenario en el que la promoción y estadarización de esta lengua estándar tenga un nuevo justificante. El botón de muestra son los flujos de cooperación, inversiones y comercio internacional.

Desde Bello, Sarmiento, Cuevo vs. Valera, por citar ejemplos de Venezuela(Chile), Argentina, Colombia, España el debate se transforma, pero no cesa...

martes, 1 de julio de 2014

El avance del cangrejo

Amaneció julio y no pudo. El tiempo no logró ser su aliado. Reflexiona igual y equivocadamente mientras el pasar, desgasta hasta las suelas de goma...