Hay momentos que ni siquiera el más sabio podría explicar... pero algo habrá, pues hoy cumpliría noventa y siete años su abuela materna.
Personalmente cree haber buscado muchas alternativas, forjado algunos contactos, establecido múltiples relaciones, intentado opciones, pero en cualquier ámbito de su búsqueda no halla respuesta.
Siente que ha hecho suficiente como para que al menos pueda tener alguna vía abierta, un mínimo reconocimiento y en su defecto una forma gestada. Entiende que el camino no termina, pero con lo transitado no acepta su propia condición. Su realidad le es contraria. Aunque trate para profesor de español, para generador de contenidos en su lengua natal, para operador teléfonico bilingüe, para recolector de frutas de cosecha, para ser handyman en un restaurant, para asistente de chef, para conducir un programa de radio, para ayudar a ingenieros, para actuar de chofer, para fundar una ONG, para hacer consultoría, para el trabajo diplomático, para hacer periodismo e incluso para editar publicaciones, en cada uno de estos casos, ninguna puerta se le ha abierto. Su esfuerzo no solo ha sido uninacional, sino más bien ampliamente global. En su patria, en Oceanía, en Europa, en el Oriente Medio, en América la respuesta es la misma; nada.
Luego de pasar más de ocho años yendo de un lugar ajeno a otro (desde que abandonó el hogar paterno), exponiéndose, forzándose a estar fuera de su zona de confort, aprendiendo y sin encontrar el gozo, la felicidad ni la forma de dar rienda suelta a su potencial de gesta, de amor, hoy cree haber decidido adentrarse en la India con la única intención de equilibrar y desarrollar su espiritualidad, canalizando sus emociones y ponderando su ego, su individualidad y su verdadera capacidad de acción e incidencia..
Ciertamente no tiene ni hay nada certero, solo que al buscar parece encontrar cierta satisfacción que le impulsa y apoya su decisión. Su familia está (y va) consigo. Al sur de India, en Bengala (la ciudad de los famosos tigres) cerca del lago Hesaraghatta hay una cofradía dispuesta a recibirle y orientarle. Al norte de ese país, en Rishikesh (la puerta del Himalaya) hay otra que parece ofrecer un espacio en la capital mundial del Yoga, oportunidades y entrenamiento.
Dentro de unos días (menos de un mes) debe estar viajando desde Sofia a Istanbul (la antigua Constantinopla) para tomar un avión a Nueva Delhi y de allí un tren cuesta arriba para llegar a su destino luego de casi 300 kilómetros desde la capital india.
Prevee un estancia de tres meses y medio. Estar por allá a finales de este importante y energético año y ubicar un espacio trascendente en una de las zonas más propicias para recibir el cambio que se avecina.
En el camino se enderezarán sus cargas, sus carencias y sus malas concepciones. Está convencido de que nadie le puede quitar lo bailado y esta será su experiencia más mística. Esa es su solución, su remedio, su búsqueda. El tiempo y su corazón dirá cuál es su próximo destino...