No sé si será coincidencia, pero esta tarde tuve una conversación intensa que me pareció definitiva; eso se siente. Luego, otra conversación vía Skype me retorció las entrañas. Al terminar salí a comprar cigarros y para colmo de males, como si fuera poco lo que sucede, me caí de platanazo. No fue un chicle o un concha de cambur, sino un desliz en el maldito hielo que la desidia y el conformismo de los locales no permite que sea removido para que la gente camine decentemente. Ahora además me duele la nalga izquierda, la pierna, el brazo, la muñeca, el cuello y hasta el pecho. ¡Que vaina coño!
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