Hay cosas que es mejor no explicar. El título es bastante elocuente. Mejor leer... se trata de un texto de una autora inconforme.
El diagnóstico
Para N., que es agua, como viento y fuego,
con el deseo de que también encuentre
su rincón de tierra, en la tierra.
“Me gustó mucho.
Pero al final, ¿qué importancia tiene todo esto?”
En mi papel de autor debo aclarar que estas frases
encomilladas reproducen los pensamientos de la protagonista de mi cuento. Se
llama Nora, tiene 35 años y siente que ya es muy, pero muy vieja. Siente eso
porque le falta la fuerza de la r.
Sus padres pensaban ponerle otro nombre diferente, pero cedieron ante las
insistencias de la abuela materna. De este modo, y por no salir del corazón, el
nombre de Nora no le pudo aportar a su dueña la fuerza y el optimismo que le
daría una r verdadera y con amor. Me
refiero a nombres como Eric, Francisco, Alfredo, Rosa, María, Laura, en fin,
nombres con R de verdad. No sé si me entienden muy bien, pero igual. Sigo.
La primavera invernal es algo muy sabroso. En pleno
enero, en un país frío, con este sol primaveral es difícil perder la esperanza.
“¡Qué bonito! Le voy a escribir. Le diré que me ha hecho
llorar y reír a la vez. ¡Qué bonito! Además, la versión en youtube es perfecta
porque cambia la canción y el disco se repite una y otra vez. Para yo llorar y
reír sin tener que preocuparme por darle al botón”.
Entenderán fácilmente que Nora estaba perdida en sus
propias emociones. Acababa de recibir una de estas muestras de cariño que la
hacían tan feliz. Una canción, una sonrisa, una charla y una caricia… qué más
podría desear. Bueno, nada más. Solo esto, pero… Ella, por tener un nombre que
no le pegaba muy bien, era una persona un poco contradictoria. Aparentaba para
estar a la altura de la r de su
nombre. Y lo hacía bien. Al mismo tiempo tenía algo delicado y casi imperceptible,
una suavidad de color verde claro invisible que se apagaba cuando estaba
triste. Cuando se sentía insegura perdía este encanto y se quedaba atrapada en
el abismo de su propia debilidad. Como ahora.
“La vida es el presente. Es un presente. Tú sabes qué
significa presente, ¿verdad?”
Entonces no lo sabía, pero justamente el que le negaba
este presente tuvo la delicadeza de explicárselo. Ya que Nora estaba muy
perdida en esa época, no captó el mensaje. Yo sí se los voy a explicar. Lo que
quería decir el sujeto en cuestión era, más o menos: Conmigo o sin mí, la vida
es un don y tú debes seguir adelante. Y hazte a la idea de que será sin mí.
“Y no debes darle tantas vueltas al coco”. Así mismo le
dijo. Y ella recuerda esto perfectamente. Y lo entendió sin problemas. Así que
se rindió. Sin éxito. La primera y única vez que tuvo la fuerza de decidir irse
de una vez por todas.
“Si no pude hacerlo, por algo será. Estoy feliz, he ido
aprendiendo mucho. Soy una persona rica. De emociones. Soy una persona de
felicidad muy fácil. Acabo de darme cuenta. Solo necesito una caricia, una
sonrisa, una canción, una amistad para abrirme y querer. Lo malo es que… lo
necesito sin cesar. Por eso me encantó el diagnóstico. ¡Qué bien dicho! Y al
mismo tiempo suena desesperanzador. ¿Tan fácil se me nota que soy una cabeza
perdida?”
No sabré decirles si mi protagonista era o no una cabeza
perdida, ya que la tenía bien puesta en su lugar, con una mente que no dejaba
nada que desear y una inteligencia lúcida. Lo que preocupaba era el corazón. El
corazón le latía tan rápidamente que no le permitía posarse en la tierra.
Estaba volando. De una emoción y otra, entre un lugar y otro, entre un nombre y
otro, así era ella. A lo mejor algún día da con su nombre, lo reconoce y se
reencuentra. Pero hablábamos del diagnóstico.
“¿Y eso está mal? -No sé si está mal. Unas personas son
altas, ¿es malo? No, simplemente lo son y ya.” Lo importante era reconocerlo,
aceptarlo y rodearse de gente que la quisiera tal y como era: enamorada del
amor. “Y de alguna manera lo persigues”.
“¡Qué bonito! ¡Gracias! Mil gracias una y otra vez.
Aunque seas tan solo un instante, aunque tú vivas en esta tierra y yo en un
incierto lugar soñado, gracias por existir y haberme devuelto una vez más la
sonrisa. Aunque sea tan solo por esta noche.”
Como ven, queridos lectores, me veo obligado a abandonar
a mi protagonista. No hay fuerza que la devuelva a habitar entre la gente de
esta tierra y por tanto, darme a mi material para yo poder contar sus vivencias
entre sus semejantes. Y si se reconocen en alguna de estas líneas, ya saben:
unos lo son y otros no. Malo no es, de todas formas. Se lo ha dicho un hombre
muy especial que tiene en su nombre una R verdadera.
(FIN)
Las justificaciones son maniqueas, líquidas, adaptables; y tal complicidad inaceptable nul ozen ozen pet devet chetiri ches dve ches chetiri... Esa es la magia de la literatura: polisemia; cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
(FIN)
Las justificaciones son maniqueas, líquidas, adaptables; y tal complicidad inaceptable nul ozen ozen pet devet chetiri ches dve ches chetiri... Esa es la magia de la literatura: polisemia; cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
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