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sábado, 17 de enero de 2015

El delirio de su silencio

- Sí, justamente hoy diecisiete tengo que romper el silencio -pensó para sus adentros. Creyó haber sido oído. Había salido de emergencia de casa en búsqueda de una calada de apoyo. Continuó el camino en búsqueda de una mirada, un saludo, una sonrisa. No encontró nada. Caminaba de prisa, pero de pronto, según me contó luego, se detuvo. Llegó un momento en el que dejó de andar. Se volteó, dudó, pero desistió a sabiendas de lo que muchas veces ya le había pasado. Volvió a enrumbarse por donde venía, hacia un no lugar, y fue en ese momento cuando lo vi con esa mirada que difícilmente podré olvidar.

- ¿Qué más chamo? -le dije preocupado. Inmediatamente supe que tenía que drenar. Lo primero que me dijo fue:

- Necesito hablar.

Entre una cosa y otra parecieron pasar tres meses como esperando que una última oportunidad... Lo invité a que me acompañara en mi paseo y vi que la conversación genérica no le hacía eco. Me dejé caer mientras pasábamos al lado del banco de la calle Placentinos.

- ¿Qué fue? -preguntó.

- ¡Habla! -dije estando ya sentado. Se posó y en un ejercicio de memoria volcó en palabras, emociones que no cesaban de supurarle. Contó muchas cosas. No podía parar. Había demasiados detalles que no le eran justo dejar al margen. Las manos le temblaban, la voz se le hizo ronca, y temblando y ahumándose, explicó una parte de lo que le había pasado. Tanta emoción declamando mostraba una especie de soliloquio; un monólogo, no sé.

- ¡Es que no puede ser! -repetía a cada rato en su historia. Recuerdo que dijo, con brillo en los ojos, que cinco años y medio atrás pensó que había encontrado una oportunidad única. A mediados de 2009, en Sydney que era donde vivía en aquel momento desde el 2004, cuenta que una beca de formación de profesores de español como lengua extranjera le ofrecía capacitación, hospedaje y comidas gratis durante tres semanas en Galicia. Esto era una parte de esa oportunidad porque por primera vez recibía apoyo para un curso internacional.

Como estaba en Australia pagó él mismo su pasaje y aprovechó para visitar a unos amigos en Kuala Lumpur. La conexión la hizo por Inglaterra, y de paso asistió a un simposio en Londres y a un curso en Cambridge hasta que finalmente llegó al destino, que recoge casualmente o no, el primer post de este blog, el 10 de julio, de hace cinco años y medio. 

Entiendo que aquel viaje a Europa le cambió su ritmo de vida para siempre. Tenía entonces cuatro semestres de experiencia como profesor en la universidad australiana, un logro relativo con el tema de la gestión del asociacionismo de profes de E/LE, un programa semanal en radio sobre cuestiones hispanoamericanas y caribeñas, y un par de proyectos más que hacía mientras tanto. Pero sin generar mucho metálico. Sabía que su situación no era ideal. Buscaba sin saber cómo, aunque sí qué, dónde y cuánto. No obstante no fue suficiente para nadie. Jamás pensó que aquella situación sería tan solo un simulacro de lo que después sucedió. Pero ya entonces empezaba a dejarle de entender.

- Hay muchas formas de reaccionar ante las oportunidades -era otra frase que repetía a cada rato. Él, entendía, había decidió lanzarse ante esa oportunidad que tanto repetía. Un idilio de cinco días aquel verano completó el sazón de la travesía. Más bien fue un... En diciembre de ese mismo año, dudoso, expectante y con la mejor de las fe, buscó de nuevo saborear la especia. De a momentos, me contaba recordando las conversaciones con El Conejo, en Lindfield, cómo entonces sentía estar viviendo la aventura de su vida. Dejaba todo atrás para apostar por una gesta común. Esta era la clave.

El 2010 lo recibió navegando en las aguas del Bósforo remembrando a los sultanes otomanos que revolucionaron Constantinopla. Una ciudad de cambio constante. Encrucijada. Itsmo. El viento de ganas cerraba la primera década del siglo XXI. Las luces de esperanzas y un corazón rebosado dispuesto a confiar en sus capacidades, fluía hacia un nuevo reto. Todo eso sobre el agua. Literalmente, no estaba pisando tierra.

Ese invierno nevado viajó por las esteras de Dionisio. Entusiasmado de promesas, atenciones y oportunidades que se iban creando, terminó ese viaje con la certeza de que volvería.

De regreso en Australia todo conspiró para que nada más, por allá, pasara. No hubo alternativas y nada más inspirador. En tan solo cuatro meses dejó atrás a las antípodas. Envió todas sus cosas vía barco (tardaron más de seis meses en llegar a Sofia), pero su cumpleaños 33 lo celebró en Bulgaria. Ya estaba allí definitivamente. Enfatizó muchas veces cuando hablaba de esta parte que todo, absolutamente todo, lo había finiquitado en Sydney. De hecho, la mejor evidencia, resaltaba, era que él estaba allí con todo y mudanza (en camino).

El gran acuerdo que encajó todo era que él llegaba a ahí, y luego, se iban.

Se gestó el chance. La oportunidad la tuvo, reconoce, pero también siente que sus esfuerzos nobles "jamás fueron reconocidos" y, lo diré textualmente porque lo repitió a la saciedad, "insistieron en presentar la situación como si fuera mentira y como si yo fuera el culpable". La verdad es que por lo que intuí, no pudo lidiar con el cúmulo de condiciones y dificultades de todo índole que, una a una, fueron acumulándose. Cuando hablaba de esto cambió mucho. Hacía un movimiento con la cabeza y el torso para adelante y para atrás como si entrara en trance. Me dio hasta vergüenza, pero como no me veían dejé que drenara o que alcanzara su Nirvana, o su Purusha, quién sabe.

Como su plan inicial no se logró, el cocktail de malentendidos culturales y desconsideraciones personales parece que le llevaron, temprano, a replantear cuestiones que tampoco pudo consolidar...

Eran muchos los detalles que balbuceaba. Su voz ronca y firme mutó hacia un susurro que despotricaba lágrimas como fonemas.

Para mal o para bien, sus cuatro semestres de experiencia, tras el período que sufre, se habían incrementado a seis. Pero su estatus seguía siendo el mismo. Además, envejecía. Parte del dogma era alcanzar algo. No pudo.

En 2012, cuando lo que debía haber sido en 2009-2010 estuvo listo, propuso de nuevo. Me confesó que entre las opciones que manejó estuvo a punto de irse a peregrinar por India. Al ver que, en tal caso, se iría solo, decidió apostar entonces por aquello que creía y que, pensaba, le sería más seguro. En Madrid, empezó a modular, individualmente, la fase de aquella aventura iniciada que volvía vigente desde el crucero de noche vieja en Istanbul y que ahora exigía atención. 

Esfuerzos colectivos e internacionales no impidieron que el cocktail se convirtiera en una sopa. Dimes y diretes, falsedades y el amargo del sazón quemado de la especia ajena destaparon la olla justamente un diecisiete de enero, hace un año. El viejo karma.

- ¿Entiendes ahora por qué te decía que hoy tenía que romper el silencio?

- Entiendo, pero pensaba que te referías al silencio del blog, por no haber escrito en tanto tiempo.

Hubo silencio. ¿Quién hablaba con quién? Hasta el narrador, confuso, calló. Esa olla destapada calentó mucho. No hubo forma de soportar las verdades del humo. Las heridas se reabrieron con vapor.

- ¡Olvídate! -dijo casi en grito- la cuestión es que la terquedad es orgullosa. 

El tiempo y la razón insistieron infructuosamente, pensaba yo. Las contradicciones diluyeron la credibilidad.

Hoy 17 de enero recuerdo desde Lleida, España que era aquí donde ha tenido que estar Enric Casanova en vez de cumpliendo las peticiones de una mujer casada insatisfecha. Claro, si a él le funcionan sus mensajes para que ella acuda en su búsqueda cuando está en su país, quien sobra es otro, recuerdo que vociferaba. Esa última oportunidad última, reciente, de estos tres meses resultó ser una montaña rusa de emociones e impulsos, desquites, desahogos, que ya no pueden ser siquiera ventilados.

- ¡Espera un momento! -declamó casi solemne- ¿Sabes qué es lo más arrecho?

De esta parte yo tengo mi reserva. Se muy bien lo que es el encandeleo de la migraña y a conciencia de quién es, me parece más bien que son vainas suyas. Pero para dar fin a todo, cuenta que un destello le alertó aquella madrugada del día de Santiago. Los padres dormían en su habitación mientras él amanecía en la Compostela.

En este momento tomo aire fuerte en esta ciudad española prestada que huele todavía a libertad, a frío y a pirineo, (paradójicamente como en Bulgaria). Siento la fuerza de la roca, de la mentira y evoco las sensaciones propias con seudo estoicismo japonés.

Él sabe que lo único constante es el cambio, aunque espera que el propio no le sea tan inconstante...

Siguió el camino del que no tuvo otra escapatoria y se enteró que el individuo ese que supuestamente no sabía su nombre, resulta que sí. También dizque seguía casado...

En fin. en aquella habitación del final del pasillo, lado izquierdo, de la residencia estudiantil Fonseca en Santiago escribió los primeros post de esta larga historia. En esos días hizo también este dibujo. 

En la habitación subterránea de Salamanca donde estuvo viviendo en 2015, creó, días atrás de enero, este otro dibujo. 

Como una vez escribió en este mismo blog: "hay cosas de las que ni uno mismo se percata". Hasta ahí llegó. Reaccionó, calló y de ahí el delirio de su silencio. ¡Amén a l@s buen@s entendid@s! 


Este es el post 627.


PD: Conviene destacar que de regreso de Compostela, en Hong Kong (2009), el segundo post de este blog reflexionaba en torno a:  "¿entre paz y libertad qué debe escogerse?" La balanza parece inclinarse a la primera. 

1 comentario:

Jesús A. Meza Morales dijo...

De complemento y aprovechando el apogeo del acento rioplatense un relato elocuente de Bucay https://www.youtube.com/watch?v=6kI6v29FQWA