En la última alocución dominical, el líder venezolano denunciaba que se había desarticulado una celda de espionaje colombiano en una ciudad fronteriza de Venezuela. Ahora surge la posición del Departamento Administrativo de Seguridad de Colombia y de acuerdo a lo desplegado por la Agence France-Presse el Director del DAS afirma que "nuestro detective (Julio E. Tocora) fue invitado por un amigo venezolano, al que había conocido en una actividad oficial en Paraguachón, a pasar unos días en compañía de unas amigas en Maracaibo". Agrega que "el detective aceptó la invitación de carácter social, en la noche se encontró con su amigo y las dos muchachas y al otro día, cuando esperaba que éstos lo buscaran en el hotel, fue sorprendido por agentes venezolanos que lo detuvieron. Claramente Tocora llegó a ese país víctima de engaño". Hay bemoles dignos de escuchar.
Llama poderosamente la atención la forma con que se presenta un argumento explicativo que es, definitivamente, un tizón que aviva las caldeadas relaciones colombo-venezolanas. De ahí su importacia. Históricamente Colombia y Venezuela son naciones hermanas, pero han sido también potenciales enemigas; sin tocar el asunto entre Bolívar y Santander, no en vano los ejércitos de ambos países han recreado desde siempre, con fines de entrenamiento, escenarios tentativos de operaciones de guerra con su vecino país. Pero la verdad es que hasta ahora nunca antes las relaciones habían estado tan tensas. Ergo, reconocer que un efectivo de inteligencia haya sido capturado por las fuerzas del otro país obliga a ambas partes a que un caso tan sensible sea tratado con mayor delicadeza. La forma de calificar como una actividad social la acción que el efectivo estuviera realizando fuera de su país junto a la idea de que fuese engañado añade leña al fuego.
Sin embargo las declaraciones dejan mucho qué desear y adolescen de una consistencia que permita difundir credibilidad (aún y cuando ésta sea discutible). El caso denota improvisación de acción e incluso hasta irresponsabilidad considerando la trascendencia que pudiese generar una detención de este tipo.
La manera en que se sostiene el alegato colombiano es tan alarmante que al sostener que "le han hecho unos 20 interrogatorios, según pudimos averiguar con la mamá", pero por otro lado afirmar que el DAS sólo pudo hablar en una ocasión con el detenido me hace pensar ipso factus el instrumento retórico que titula esta reflexión. ¿Y si Venezuela viola la normativa internacional?
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