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lunes, 14 de mayo de 2012

De noche todos los gatos son pardos o Escampadero

“Todavía no debo morir; me urge procrear antes de irme” se repetía a cada rato convenciéndose de que su trance por aquí debía alargarse otro poquito. Para bien o para mal era sensible a la guerra de discursos, de ideologías y de criterios que parecían dispuestas a reescribir, entre otras cosas, lo que por ejemplo desde 1944, había quedado supuestamente establecido. Igual que los otros, este personaje no aceptaba su diferencia, su potencial y con mal manejo de su propia genialidad esas virtudes le castigaban. En su haber tenía registro de más de veinte años de observación lógica y minuciosa que le facilitaban una comprensión múltiple, pero su arrogancia era tan amplia que a conciencia de su punto de vista, paulatinamente y gracias a todos los eventos de su viaje notó que el aislamiento, la especialización, no era más que la consecuencia de su causa.

Corrían tiempos turbios, particularmente difíciles, pues ya se habían alternado demasiadas veces las tendencias de control y poder y entonces ninguna de aquellas contaba con aceptación sincera. Nadie creía en nadie. Resultaba menester concentrarse en sí mismo, en lo individual. En una carrera como esa en la que todos andan dispuesto a llevarse por delante a quien esté malparado o al frente de su camino correr o encaramarse era cuestión para sobrevivir. La transición no dejaba ver el proceso sino la meta y en aquella fase constante de cambios las herramientas mutaban sin cesar impidiéndole planificar, aferrarse, establecer, concretar y más bien aquella sinergia obligábale a competir con certeza, alternar diestro maniqueando entre corrientes como una guabina. Cualquier cosa que decía era tergiversada, incomprendida, malentendida y aunque se percató de evidenciar más que sólo decir experimentando en cuero propio antes de especular sin basamento, sabía, sentía que cualquier esfuerzo emprendido no podría cuajar y sería insuficiente hasta que existiese la decisión definitiva, querer. Iniciaba la era del no-solo-yo. La noción de Dios quedaba a un lado.

Querer es uno de los “nuevos dioses” básicos, debido a que primero se desea y luego se obtiene. Si no, es necesario someterse al patrón de la constancia que por repetición y testarudez alcanza la destreza mas no la magia, aunque sí todavía el grueso de la gloria, los privilegios y beneficios de los aventajados. Individualmente pudo haber hecho más, pero también mucho menos de lo que hizo. Llegó el momento de accionar. Pasó el tiempo en stand-by. No tuvo señales. Para colmo de males ese día el servicio de su teléfono fue suspendido por falta de pago. Meditó las coincidencias y cuando sintió qué más no podía intentar tomó su decisión para ejercerla el día de lluvia. Lo lamentó inmensurable. Se le hacía insoportable aceptar todo, pero mucho peor le resultó estar entre la gente que en vez de reconocerle, apoyarle y amarle le tergiversaba, burlaba y cercenaba.

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