Statcounter Invisible

martes, 8 de mayo de 2012

Fortalezas dañinas o Debilidades fatales

Él había estado pasando momentos muy difíciles. Años atrás creía que aquellas forzosas experiencias eran las peores de su vida, quizás entonces fue así, pero ahora lo que sucedía no sabía ni cómo expresarlo. Sin referencias ni empirismo agobiado también por su alter ego, incansable dialogante del consciente, elucubró:

- ¿Sabes qué pasa? –retorizó en soliloquio. No había nadie a su alrededor– El tema principal –continuó- es que creo entender que todo está en su mínima expresión. Evidentemente éste tiene que ser un momento de cambio e incertidumbre porque la hipocresía filantrópica y el mecenas más que magnánimo protagonista están enconchados, cautelosos, apáticos. –miró hacia arriba, dilató sus pupilas, las volvió a normalizar, despegó sus labios con la punta de lengua, saboreó y antes de tragar su nada soltó entre labios -¿y si dejo todo cómo me quito después el hedor de lo que pudo ser y no fue por no seguir intentándolo?

Entonces no se hizo más caso. Sabía que cada justificación tenía un soporte ideológico. Su felicidad habría de llegar cuando coincidiesen los elementos complementadores. Siguió pensando pero ahora en su salud. Se vio las piernas. Alarmado fue ante un espejo para verse los ojos, las canas, el color de los dientes. Reflexionó sin constancia. Llevaba semanas drogado para aliviar el dolor. No hallaba quiropráctico, ni acupunturista y los masajes le curaban de a ratos. En la silla de siempre se enderezó un poco y al girar la cabeza a la izquierda se interesó por algo. Estiró el brazo. Tomó la botella de plástico, desenroscó la tapa, la empinó reposándola en su boca abierta y tragó un par de veces. Al enfocar de nuevo emergió su incansable dialogante consciente.

- ¿En qué momento se transforma la constancia en terquedad? –pensó- ¡Basta coño! –se respondió ipso factus. No dijo nunca más.

El pobre no supo la pócima para salir de su disyuntiva. Terco cavaba más hondo convencido de que su reconocimiento llegaría algún día. Sus manos se enllagaron, la piel se le resecó, la circulación se fue obstruyendo y de repente, un día cualquiera, colapsó sin poder entenderse, aceptarse, perdonarse.


Saborna, 7 de mayo 2012.

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