Hay una canción que dice: "un día de estos, que me pare más temprano, voy a ensillar mi caballo y me voy de travesía...". La entona un recio folklorista llanero llamado Reinaldo Armas. Esa noción de idea pospuesta con intención parsimoniosa, reveladora pudiera contribuir para materializar el sueño de instituir un centro de estudios, de investigación, cultural de lo relativo a nuestras lenguas y sus culturas. Asimismo como suena, lo relativo a este idioma que usamos para establecer este intercambio, este diálogo diferido (gracias por leer por cierto), esta comunicación.
Existen diversas áreas que deben incluirse, considerarse. Además de la siempre e imperante condición productiva (llámese financiera o económica), la divulgación de conocimiento y sobre todo la acción que pretende incidir de algún modo muy al estilo del granito de arena, fuerza la reflexión al tiempo de lidiar con el torbellino creativo.
Así un centro cultural donde se divulgue educación y humanidades, se aprendan lenguas, se impulse un coro y una orquesta, se fomente la investigación multidisciplinaria, se enseñe gastronomía y se practiquen bailes, ecoturismo y deportes extremos en contacto con uno de los ecosistemas más exóticos del mundo podría ser una manera de concretar un tino. Hoy en día sorprende la accesibilidad de los precios de los terrenos amplios. El meollo está en la permisología, pero la naturaleza colectiva, cultural, ecológica de la iniciativa pudiera ser La Manera de alcanzar la meta.
El mapa indica el lugar. Queda en el medio del Pacífico. La población aproximada no supera las veinte mil personas. La isla del centro, Santa Cruz, es la más concurrida.
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